México 0 vs Chile 7

mexico vs

Por Alina Escobedo

Notifax.-

Osorio rotó una vez y en las rotaciones llevó la penitencia. Para enfrentar a un Chile que iba encontrándose cada vez más bajo las órdenes de Pizzi, el colombiano decidió apostar por Ochoa, Aguilar, Moreno, Araujo y Layún, Guardado, Dueñas, Herrera, Corona, Chicharito, Lozano. Cinco cambios con respecto al partido anterior y un once que nunca pudo competir contra Chile, superior desde el minuto uno. El desconcierto era notorio en un equipo que fue abrumado por un Vidal dominador del centro del campo, por Díaz que manejaba los hilos con libertad y visión, con Alexis y Puch desbordando una y otra vez, y por un Vargas que se despachó con cuatro goles.

México careció de idea futbolística, de orden, de coordinación, de juego colectivo, pero, sobre todo -y más alarmante-, de personalidad, de pundonor, de carácter. Chile no tuvo oposición y navegó tranquilamente. Hasta el minuto 10, México logró tener la pelota e intentó desbordar, pero nunca pasó del intento. Al minuto 16 empezaría la pesadilla. Un mal despeje de la defensa y un rebote de Ochoa abrió la puerta para que Puch sólo empujara el balón. México trató de reaccionar, pero de nuevo, no pasó de un esbozo. Guardado, impreciso y desubicado, no fue ni la sombra del líder que es. Herrera no encontraba socios. Corona buscaba pero no encontraba. Lozano resintió el peso del escenario. Dueñas no daba equilibro. Moreno y Araujo no se coordinaban. Layún ni defendía ni atacaba bien, al igual que Aguilar, mientras que Chicharito era un náufrago en el inexistente atacante mexicano.

Y si bien el TRI intentó, el segundo gol fue un mazazo del que no pudieron recuperarse. Cada corrida de Chile era un peligro y finalmente, a pocos minutos de terminar la primera mitad, otra internada de Alexis terminaría con el gol de Vargas. Dos a cero y la esperanza de los que jugaban de blanco era que su técnico, experto en corregir y hacer modificaciones sobre la marcha, lo hiciera de nuevo.

Y, sin embargo, antes de que se pudiera mencionar que Gullit y Jiménez ocupaban los lugares de Dueñas y Lozano, cayó el tercero. Alexis y Vidal se juntaron y el del Arsenal se unía a la fiesta andina, que se transformaría en la masacre de un TRI indefenso.

Vargas, que había pasado 9 meses sin anotar, haría otros tres goles. México nunca tuvo respuesta para Alexis ni para Beausejour. Todos los rebotes eran para Chile. Todas las llegadas eran de Chile. Todas las oportunidades eran para Chile. El sexto gol es el ejemplo de todo lo que hacía mal México: internada de Alexis, salida deOchoa para cerrar el ángulo, falta de comunicación y desorden en la defensa, falta de actitud y determinación para despejar un balón, determinación que SÍ tuvo Vargas para empujar la redonda a a la portería.

México bajó los brazos desde que cayó el tercer gol. Un equipo sin espíritu y sin vida en la cancha. Un equipo liquidado y pasivo que simplemente vio cómo Chile les pasaba por encima una y otra vez. El séptimo -segundo para Puch- fue el colofón para un partido desastroso que no tiene nada rescatable, porque faltó todo y sobró indolencia.

Termina así la racha de 22 partidos sin derrotas. Termina así la participación en esta Copa América. Y da inicio a una etapa de reflexión y de trabajo para Osorio, que finalmente tiene que entender que en selecciones no puede darse el lujo de experimentar tanto en pleno torneo. Las rotaciones no pueden ser el método por encima del estilo de juego. México pagó caro la falta de cohesión y de consolidación de una columna vertebral. Y, lo más preocupante, echó de menos a Rafa Márquez. Echó en falta su visión, su carácter y su liderazgo. México echó de menos a un defensa de 37 años, quien parece no tener recambio ni un heredero natural.

A Osorio le esperan días cargados de señalamientos, críticas y juicios fundamentados en un espectáculo esperpéntico y lamentable. A los jugadores les espera un escenario similar y una penitencia que sólo podrán expiar con la playera del TRI. Mientras que a la afición le quedará grabado este partido y el saber que es otra oportunidad desperdiciada para intentar trascender.